El estudiantado normalista aplica estrategias didácticas fundamentadas que
contribuyan al desarrollo cognitivo de la población adolescente, a partir de
analizar sus cuerpos teóricos y su tipología desde las aportaciones de las
neurociencias, con objeto de que las transversalice en su práctica docente al
facilitar la construcción de aprendizajes significativos y fomentar en el
alumnado valores y actitudes favorables a su desarrollo pleno de las capacidades
cognitivas.
El curso de Adolescencia. Procesos cognitivos, corresponde al
trayecto formativo de Bases Teóricas y Metodológicas de la Práctica Docente, se
ubica en la fase de profundización, y sin lugar a dudas, el trabajo docente
implica tener una diversidad de situaciones que el estudiantado normalista debe
considerar al momento de estar trabajando con la población estudiantil de la
telesecundaria, de ahí la importancia de que profundice en el conocimiento y
comprensión de los cambios cognitivos que se dan en la etapa de la adolescencia.
El estudio sistemático de la inteligencia y el razonamiento de los adolescentes
arranca con la publicación del libro de Inhelder y Piaget titulado De la lógica
del niño a la lógica del adolescente en 1955. Hasta entonces, esta cuestión
había sido soslayada, limitada a observaciones generales o a las referencias
sobre un incremento de las puntuaciones en los tests de inteligencia en estas
edades. El curso articula conocimientos, metodologías y prácticas o problemas
organizados específicamente para contribuir al desarrollo de capacidades,
dominios y desempeños establecidos en el perfil de egreso. Implica un conjunto
de acciones que articulan, armónicamente, las experiencias pedagógicas durante
un semestre, que tienen como propósito central propiciar el aprendizaje del DFI.
Desde una perspectiva evolutiva y educativa, de lo que se trata en el presente
curso es de optimizar el desarrollo de estas nuevas capacidades cognitivas en la
población estudiantil de telesecundaria a través del currículum. Para ello, es
primordial una correcta selección de objetivos y contenidos curriculares, como
también la adopción de estrategias de enseñanza adecuadas a las características
de los procesos de construcción de conocimiento y las diferencias individuales
entre el alumnado. Sin embargo, es el profesorado, a fin de cuentas, el agente
principal a la hora de plasmar todo esto en su práctica educativa.
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